El contraste no era metafórico: era el eje de una narrativa pública. Hamideh Soleimani Afshar, sobrina del otrora poderosísimo general del régimen iraní Qassem Soleimani, eliminado durante un ataque en Irak en enero de 2020, dejó en sus redes sociales —antes de ser eliminadas— un registro persistente de una vida marcada por lujos y una libertad personal fuera del alcance de cualquier mujer que viva en Irán. Viajes en helicóptero sobre el desierto, estadías en hoteles de Las Vegas, playas en Miami y reuniones privadas con botellas de champán componían una escena reiterada. Su hija, Sarinasadat Hosseiny, replicaba ese patrón con imágenes en piscinas, bikinis, tatuajes visibles y desplazamientos frecuentes.

Ambas exhibían prácticas cotidianas que, en territorio iraní, pueden derivar en sanciones penales. El uso obligatorio del hiyab, las restricciones sobre vestimenta, el consumo de alcohol prohibido y la vigilancia ejercida por la denominada “policía de la moral” forman parte de un sistema que limita la autonomía femenina. En 2022, la muerte de Mahsa Amini bajo custodia policial en Teherán, tras ser detenida por presuntas infracciones al código de vestimenta, expuso el alcance de ese control estatal.

Captura de pantalla del perfil de Instagram de Hamide Afshar, mostrando su foto de perfil, detalles de seguidores, highlights y tres imágenes de modaHamideh Soleimani Afshar, sobrina de Qassem Soleimani, llevó una vida de lujos y libertad en Estados Unidos, documentada en redes sociales.

Ese marco vuelve más visible la disonancia. Mientras Afshar proyectaba en Estados Unidos una imagen de consumo y libertad también difundía mensajes de respaldo al régimen iraní, denunciaba a Washington y celebraba acciones contra intereses norteamericanos en Medio Oriente. La tensión entre discurso político y estilo de vida se convirtió en un elemento central del caso.

Mujer con bikini negro y gafas de sol, con una rodaja de naranja en la boca, sentada junto a una piscina soleada. Fondo de resort con palmerasLa sobrina de Soleimani residía en una casa de dos dormitorios en Los Ángeles, lejos de la vulnerabilidad asociada al estatus de asilo político.

Afshar llegó a Estados Unidos en 2015 con una visa de turista y obtuvo asilo en 2019. Posteriormente, durante el gobierno de Joe Biden, accedió a la residencia permanente, al igual que su hija. Sin embargo, el Departamento de Estado revocó este fin de semana ese estatus tras considerar que existían inconsistencias en su situación migratoria, entre ellas viajes reiterados a Irán pese a haber solicitado protección. El secretario de Estado, Marco Rubio, ordenó la cancelación de sus permisos y ambas quedaron bajo custodia del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), a la espera de deportación.

El expediente oficial incorpora además su actividad en redes sociales como evidencia. Las publicaciones, que documentaban consumo de alto nivel y una vida estable en Estados Unidos, fueron interpretadas por las autoridades como incompatibles con el argumento de persecución que sustenta el asilo. También se las acusa de haber promovido propaganda alineada con el gobierno iraní.

Mujer con gafas de sol y vestido blanco floral sentada en el asiento de un helicóptero con la puerta abierta, viendo un paisaje desértico montañoso
Hamideh Soleimani Afshar, mujer con cabello trenzado y gafas de sol, cruza la calle con un perro Pomerania frente a una tienda Hermes de fachada blancaLas demostraciones de consumo y libertades en Estados Unidos se convirtieron en pruebas que pusieron en duda la coherencia del relato de persecución de Hamideh Soleimani Afshar.

El vínculo de las mujeres con la figura de Qassem Soleimani añade una dimensión política. El comandante de la Fuerza Quds murió en 2020 en un ataque con drones ordenado por Estados Unidos en Bagdad. Durante años fue considerado uno de los principales estrategas militares de Irán y una figura central en su proyección regional. Su nombre sigue asociado a la estructura de poder del régimen.

Una mujer joven con cabello oscuro sonríe, vestida con top negro y leggings de encaje, posando frente a una estructura cilíndrica de colores y una multitud en un festivalLas imágenes de Afshar y su hija en hoteles de Las Vegas, playas de Miami y fiestas privadas contrastan con las estrictas restricciones para mujeres en Irán.

Registros públicos citados por el Daily Mail ubican a Afshar en una vivienda en el barrio de Tujunga, en Los ángeles, adquirida en 2021 por 505.000 dólares, con financiamiento hipotecario. La propiedad, de dos dormitorios, se encuentra en una zona elevada con vista al valle de Crescenta. Ambas llevaban una vida estable, alejada de cualquier condición de vulnerabilidad asociada al asilo.

Mujer de cabello oscuro con vestido corto palabra de honor de encaje negro y franjas beige, la mano derecha sobre la frente, posando ante fondo claroLa vida de lujos y excentricidades en Estados Unidos de Hamideh Soleimani, sobrina del poderoso Qassem Soleimani.

El foco de las autoridades estadounidenses se desplazó hacia su conducta pública. Según el Departamento de Estado, Afshar elogió al liderazgo iraní, calificó a Estados Unidos como el “Gran Satán” y expresó respaldo al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica. Esas declaraciones, sumadas a publicaciones que documentaban consumo y viajes, fueron consideradas incompatibles con el estatus migratorio que le permitió permanecer en el país.

El expediente incorpora además un dato clave: en una solicitud de naturalización presentada en 2025, Afshar admitió haber viajado a Irán en varias ocasiones tras obtener la residencia permanente. Para Washington, ese punto debilita el argumento de persecución que sustentó su asilo y refuerza la decisión de revocar sus permisos.

Hamideh Soleimani Afshar en un campo de tiro, apuntando con un rifle negro. Viste una chaqueta beige, jeans oscuros y botas. En primer plano, balas en un estucheEl apoyo público de Afshar al liderazgo iraní y a la Guardia Revolucionaria Islámica incrementó las sospechas sobre la veracidad de su persecución.

El contraste que definió su presencia pública terminó operando en su contra. Las imágenes que mostraban libertad, consumo y desplazamiento —imposibles bajo las restricciones que rigen para las mujeres en Irán— se transformaron en evidencia. Lo que durante años fue exhibición de estatus pasó a ser parte central de un proceso que ahora pone en cuestión no solo su permanencia en Estados Unidos, sino la coherencia entre el discurso que sostenía y la vida que eligió mostrar.

por INFOBAE

Ver fuente