Ya se ha estrenado en cines Elio, la nueva propuesta de Pixar y Disney que llega tras su lanzamiento en otros países en los que, por cierto, no ha tenido el recibimiento esperado. En esta crítica te diré qué puedes esperar de ella y, por supuesto, hablaremos de las diferentes polémicas que han surgido a su alrededor.
- Fecha de estreno: 9 de julio de 2025
- Género: Animación, Comedia, Aventuras, Fantasía, Disney, Pixar, Infantil
- País: Estados Unidos
- Año: 2025
- Dirección: Madeline Sharafian, Domee Shi
- Reparto: Yonas Kibreab, Zoe Saldana, Jameela Jamil, Brad Garrett
¿Qué pasaría si lo que estás buscando te encontrase a ti primero? En la odisea cómica de Pixar Animation Studios, Elio, obsesionado con los alienígenas, descubre la respuesta a su pregunta cuando le transportan al Comuniverso, un paraíso interplanetario que alberga vida inteligente de galaxias muy, muy lejanas. Pero cuando le confunden con el líder de la Tierra, tendrá que crear vínculos inesperados, sortear una crisis de proporciones intergalácticas y asegurarse de no perder la oportunidad de hacer realidad su mayor sueño.
Elio, que se estrenará solo en cines en verano de 2025, cuenta con las voces en la versión original de Yonas Kibreab como Elio, Zoe Saldaña como Tía Olga, Remy Edgerly como Glordon, Brad Garrett como Lord Grigon, Jameela Jamil como la Embajadora Questa y Shirley Henderson como OOOOO.
La película está dirigida por Madeline Sharafian (cortometraje Madriguera de Sparkshort) y Domee Shi (cortometraje de Bao, Red).
Antes de profundizar en mi crítica de ‘Elio‘ (película, que, por cierto, he podido disfrutar gracias a Salas Ocine), hay que hablar de algunas polémicas y cambios que han surgido alrededor de la producción.
La polémica de Elio
La controversia en torno a Elio se ha convertido en uno de los temas más discutidos del año dentro del cine de animación. Y no por su argumento espacial o sus personajes fantásticos, sino por las modificaciones que sufrió la cinta respecto a su visión original, firmada inicialmente por Adrian Molina, codirector de Coco.
Según diversas fuentes, Elio comenzó siendo una propuesta con un enfoque muy personal. Su protagonista, un niño sensible y creativo, presentaba rasgos que algunos describen como queer-coded. Esto no significa que el personaje tuviera explícitamente una orientación sexual definida, pero sí que mostraba elementos no normativos: desde sus gustos hasta detalles en el diseño de su habitación —pósters de chicos, preocupación por la moda o el medioambiente, uso del color rosa, entre otros—. También se incluyeron elementos culturales ligados a su identidad latina, aunque sin recurrir a estereotipos marcados.
Durante los pases de prueba internos de 2023, parte del equipo ejecutivo de Pixar consideró que algunos de estos elementos podrían generar rechazo en ciertos sectores del público familiar. A raíz de esto, se optó por modificar aspectos del guion, rediseñar parte del personaje principal y cambiar la dirección creativa. Adrian Molina abandonó el proyecto y fue sustituido por Domee Shi (Red) y Madeline Sharafian. También salieron del equipo varios colaboradores clave, incluida América Ferrera, quien iba a dar voz a la madre del protagonista (finalmente transformada en tía, con voz de Zoe Saldaña).
Estos cambios no pasaron desapercibidos. Parte del equipo original acusó a Pixar de suavizar el mensaje y eliminar capas de representación para asegurar un enfoque más «neutral». Críticos y sectores del público hablaron de censura preventiva, especialmente en relación a la lectura queer del personaje. Al mismo tiempo, otros defendieron que el resultado final presenta una historia más accesible y menos marcada por etiquetas identitarias, algo que consideran positivo en una película familiar protagonizada por un niño.
La controversia también ha estado acompañada por un resultado comercial tibio tras su estreno en otros países: Elio se convirtió en el estreno menos exitoso de Pixar en taquilla doméstica, con cifras muy por debajo de la media del estudio. Algunos han relacionado este hecho con la pérdida de identidad en el personaje tras los cambios; otros, entre los que me incluyo, simplemente, con una saturación del mercado o un desinterés por la propuesta narrativa.
Elio ha reabierto el debate sobre hasta qué punto la representación (sea cultural, sexual o identitaria) debe estar presente en el cine infantil. También sobre cómo manejar esa representación de forma natural, sin caer en imposiciones ni estereotipos, pero sin eliminar lo que muchos consideran importante visibilizar.
Y aquí, evidentemente, las opiniones se dividen. Hay quienes consideran que toda representación cuenta, incluso desde edades tempranas, y quienes opinan que no es necesario hacer explícitos ciertos aspectos —como la orientación sexual o el origen cultural— en personajes infantiles, especialmente cuando ya existen elementos sutiles que aluden a ello.
Desde luego, el caso de Elio no tiene una lectura única. Y personalmente —si se me permite un apunte— entiendo perfectamente a quienes defienden que no todos los personajes deben dejar patente su orientación sexual, especialmente en películas protagonizadas por niños de ocho o nueve años. Lo mismo con la identidad mexicana del personaje: que esté presente no significa que deba subrayarse constantemente con tópicos o frases huecas. A veces, mostrar sin explicar también es una forma válida (y potente) de representar.
Crítica de ‘Elio’
Y ahora sí, dejando de lado los debates, hablemos de la película, que es lo que aquí nos interesa. La nueva propuesta de Pixar nos presenta una aventura intergaláctica donde el protagonista, un niño tímido e imaginativo, es confundido con el embajador de la Tierra por una coalición de civilizaciones extraterrestres. Desde ahí, comienza una travesía tan emocional como visualmente llamativa, en la que se tocan temas como el bullying, el sentido de pertenencia y la búsqueda de identidad.
Elio acierta al mostrar el aislamiento del protagonista, un niño que no se siente parte de su entorno y que, precisamente por eso, busca ese vínculo fuera de su planeta. La metáfora es evidente, pero eficaz: a veces, la conexión que ansiamos no está en los lugares más cercanos, sino en los más insospechados. Esta búsqueda constante me ha recordado inevitablemente a Pobre Marciano (2025), el cortometraje de Álex Rey que también gira en torno a la necesidad de pertenecer.
El Comuniverso —ese cosmos rebosante de color y criaturas— es sin duda uno de los puntos fuertes de la película. El diseño artístico está a la altura de lo que se espera de Pixar, aunque es cierto que en términos de calidad técnica quizá no estamos ante uno de sus trabajos más finos. No es que se vea mal, ni mucho menos, pero hay momentos donde uno echa en falta esa pulcritud visual que vimos en Soul o incluso en Del Revés.
Como suele pasar en las producciones del estudio, hay momentos emotivos que buscan tocar la fibra sensible del espectador. Y lo consiguen, claro. Aunque, siendo sincero, a estas alturas uno ya conoce demasiado bien los trucos del estudio: ese crescendo musical, esa pausa emocional, esa frase dicha en silencio… y sí, funcionan, pero también se sienten algo previsibles. En mi caso, más que soltar una lágrima, esbocé una sonrisa. Que no está mal tampoco.
En cuanto al elenco de criaturas que acompañan a Elio en su viaje, no creo que estemos ante uno de los repertorios más memorables del estudio. Ni por diseño, ni por personalidad, los secundarios logran quedarse grabados como lo hicieron en su día Bing Bong, Edna Moda o incluso Héctor Rivera en Coco. Hay ideas interesantes, sin duda, pero pocas realmente icónicas.
¿Vale la pena ver Elio, de Pixar?
¡Desde luego que sí! Eso sí, Elio es una buena película de Pixar, pero no una gran película de Pixar. Algo que, ojo, no debería tomarse como una crítica feroz, porque como cinta de animación familiar cumple más que de sobra. De hecho, supera con claridad a propuestas como Lightyear y otras de estudios actuales, aunque probablemente pasará algo más desapercibida, al igual que ocurrió con Red o Luca (en este caso, quizá, por su estreno directo en Disney plus).
Vale la pena verla en pantalla grande, sin duda. Tiene momentos dulces, emotivos y un mensaje que conecta con públicos de distintas edades. Pero no creo que se quede en la memoria colectiva como esas obras que marcaron a toda una generación. Y quizá eso no esté mal. A veces, simplemente, se agradece una historia entretenida, bien contada, con corazón y con un par de momentos que nos hagan sonreír en la butaca.

