Una imagen fija que aparenta moverse recorre las redes sociales. Detrás del furor, la historia real nacida en 2016 que combinó arte digital, ciencia de la percepción y una larga cadena de desinformación
En los últimos días, una imagen circular, cargada de contrastes y patrones hipnóticos, reapareció una y otra vez en redes sociales como Facebook, X (ex Twitter) y Reddit.
El fenómeno no es nuevo, aunque sí persistente.
Cada vez que regresa, lo hace acompañada por la misma afirmación: la velocidad con la que la imagen podría revelar el nivel de estrés del observador. El mensaje, presentado con un tono pseudo científico, invita a millones de usuarios a mirarla fijamente y a evaluarse a sí mismos en segundos.
El pie de foto más repetido atribuye la creación de la imagen a un supuesto neurólogo japonés y ofrece una escala clara y alarmante.
“Si la imagen no se mueve, la persona está tranquila. Si el movimiento resultaba leve, tiene estrés”, dicen las leyendas que acompañan el posteo. Si el movimiento parece intenso, el diagnóstico sugería un estado peligroso. La consigna cierra con una pregunta directa que apelaba a la curiosidad y a la ansiedad colectiva: ¿Cómo te va?”. La fórmula resultó eficaz. Los comentarios se multiplicaron con rapidez y combinaron humor, preocupación y resignación.

Usuarios de Facebook escribieron frases como: “Muy estresado, y ahora estresado por estar estresado”; “No puedo creer que no esté estresado y muy tranquilo. ¿Cuándo me ha pasado eso?” y “No se mueve. ¡Quizás necesito un café!”.
La misma imagen circuló con el mismo mensaje desde 2018 y reapareció de forma cíclica. En noviembre, un tuit volvió a adjudicarla a un inexistente “psicoterapeuta japonés Yamamoto Hashima” y sumó una advertencia más grave sobre un supuesto agotamiento peligroso.

La historia detrás de la imagen resultó muy distinta a la que circuló en redes.
Lejos de un neurólogo japonés, el autor fue un artista digital ucraniano llamado Yurii Perepadia.
La imagen no surgió como un experimento clínico ni como una herramienta de diagnóstico psicológico. Fue una ilustración creada en 2016 con fines artísticos y basada en principios bien conocidos de la percepción visual.
La desinformación alcanzó tal nivel que varios medios internacionales intervinieron. La afirmación fue verificada por la BBC, BuzzFeed News y Snopes en 2018, cuando la imagen alcanzó una viralidad masiva. En 2020, Reuters volvió a desmentirla, tras detectar un nuevo pico de circulación.
Todos los chequeos coincidieron en el mismo punto: la imagen no medía el estrés ni tuvo relación alguna con la salud mental.
Perepadia explicó en varias oportunidades el origen real de su trabajo. En un pie de foto publicado en Instagram el 18 de noviembre, detalló el proceso creativo con precisión. “Dibujé esta ilusión óptica en Adobe Illustrator el 26 de septiembre de 2016”, escribió. “Para crearla, utilicé el efecto de Akiyoshi Kitaoka.

El autor real fue el artista ucraniano Yurii Perepadia quien creó la obra en 2016 con fines artísticos y no clínicos ni diagnósticos
El artista relató que la ilustración le llevó cerca de dos horas y que jamás la pensó como una prueba psicológica. Cuando detectó la publicación falsa por primera vez en Facebook, la reacción fue inmediata. “Primero vi esta publicación falsa en Facebook y luego comenzaron a aparecer en todas partes”, le dijo Yurii a BBC.
La situación le generó enojo, en especial por el uso indebido de su obra. “Me molestó. Al fin y al cabo, era una infracción de derechos de autor. Así que escribí cartas exigiendo que eliminaran las publicaciones”.
Pese a esos intentos, la imagen siguió circulando sin control. La velocidad de difusión superó cualquier reclamo individual. El mecanismo propio de las redes sociales amplificó el contenido sin verificar su origen ni su veracidad. Cada nuevo usuario que compartió la imagen reforzó el mito y le otorgó una apariencia de legitimidad colectiva.
En paralelo, la figura del supuesto experto japonés creció con cada reposteo. Perepadia aclaró de forma tajante su inexistencia. “El psicoterapeuta japonés Yamamoto Hashima no tiene nada que ver con esta imagen”, respondió frente a las afirmaciones virales sobre su trabajo. “Además, Yamamoto Hashima no existe realmente”.

El verdadero sustento de la imagen se encontró en la psicología de la percepción visual. El efecto utilizado por Perepadia se basó en investigaciones desarrolladas por Akiyoshi Kitaoka, profesor de psicología en la Universidad Ritsumeikan de Osaka, Japón.
Lejos de estudiar el estrés, Kitaoka centró su trabajo en cómo el cerebro interpreta estímulos visuales estáticos como si estuvieran en movimiento.
“Principalmente realizo investigación psicológica experimental sobre la percepción. Actualmente estoy investigando diversas ilusiones, como la de color, la de movimiento y la de forma”, explicó Kitaoka en el sitio web de la Universidad Ritsumeikan. Sus imágenes circularon durante años en internet y se volvieron famosas por generar sensaciones intensas y desconcertantes, como la conocida ilusión de los puntos que desaparecen al fijar la vista.
El efecto que produce la imagen viral responde a mecanismos neurológicos básicos. El contraste entre blanco y negro, combinado con fondos de color y patrones repetitivos, provoca micro movimientos involuntarios de los ojos.
El cerebro interpreta esas señales como desplazamiento real.

La percepción varía entre personas y también según factores como la iluminación, el cansancio visual o el tiempo de observación. Ninguno de esos elementos funciona como indicador clínico del estrés mental.
Especialistas en salud mental coincidieron en un punto central: la ilusión no tuvo capacidad clínica para medir la salud psicológica. La idea de diagnosticar estados emocionales complejos a partir de una imagen resultó atractiva, pero careció de sustento científico. El estrés, la ansiedad o el agotamiento psicoemocional requieren evaluaciones integrales que contemplen contexto, historia personal y síntomas específicos.
Con el tiempo, Perepadia observó un cambio alentador. A medida que los desmentidos se difundieron, más usuarios comenzaron a cuestionar el mensaje original. “Cuando la gente descubrió que yo era el autor de esta imagen, me ayudó a sacar a la luz la verdad”, dice. La corrección no alcanzó la misma viralidad que la afirmación inicial, pero permitió frenar parte de la desinformación.

El episodio deja una lección clara sobre el funcionamiento de las redes sociales y la relación entre ciencia y viralidad. Una imagen impactante, un relato simple y una promesa de autoconocimiento rápido bastaron para instalar una creencia falsa durante años. La autoridad científica inventada y el lenguaje técnico reforzaron la ilusión de veracidad.
En última instancia, la propia advertencia que cerró muchas notas periodísticas sintetizó el aprendizaje. Una ilusión óptica no representó una herramienta confiable para evaluar el bienestar emocional.
Frente a preocupaciones reales sobre la salud mental, la recomendación fue clara y consistente: consultar con un profesional calificado resultó siempre una opción más segura que intentar un autodiagnóstico a partir de una imagen compartida en redes sociales.
