harry sinfonico review

Valoración

Hay propuestas que, sobre el papel, lo tienen todo para funcionar. Una orquesta sinfónica en directo interpretando las melodías más icónicas del universo Harry Potter, una experiencia “familiar” pensada para Navidad, nostalgia a raudales y el reclamo irresistible de revivir esa magia que, para muchos, sigue oliendo a libro nuevo y a túnica recién planchada.

Y luego está la realidad.

Porque Harry Sinfónico es, básicamente, el ejemplo perfecto de cómo puedes clavar la música… y fallar en absolutamente todo lo demás. Y ojo, que duele decirlo, porque aquí había una idea con potencial. Pero lo que termina quedando es un evento que, por precio y expectativas, juega a ser El Rey León, el musical… y acaba teniendo una vibra peligrosamente cercana a esa Willy Wonka Experience de Glasgow que se hizo viral por motivos nada mágicos.

Un envoltorio de lujo para un contenido que no acompaña

El espectáculo se vende como un “Tributo Sinfónico” inmersivo. La palabra “inmersivo”, ya sabéis, esa que hoy se usa para todo: desde una exposición con cuatro proyectores hasta una habitación con humo y alguien tocando un cuenco tibetano.

Aquí, la inmersión es intermitente. A ratos existe, sí, pero solo cuando la orquesta te agarra por el pecho y te arrastra a Hogwarts sin pedir permiso. El problema es que, cada vez que la música empieza a construir algo bonito, alguien (o algo) se encarga de romperlo.

Y es que se nota muchísimo que solo había un volante: el musical. Todo lo demás parece diseñado por alguien que vio Harry Potter con el móvil en silencio mientras hacía otra cosa.

Lo bueno: cuando suena, suena (y suena muy bien)

Empecemos por lo justo. Musicalmente, Harry Sinfónico suena muy bien. Hay empaque, hay emoción, hay momentos en los que el recuerdo te pega como un hechizo bien lanzado.

Pero incluso aquí hay un “pero” importante: se echa de menos un coro. Seamos claros: en algunas de las grandes piezas asociadas a la saga, el componente coral es parte del ADN. Y cuando no está, lo notas. Es como ver una escena de Quidditch sin escobas: puedes intuir lo que debería estar pasando, pero falta ese ingrediente que lo eleva.

Pese a ello, lo puramente musical es lo único que sostiene el evento. La orquesta cumple. Y a veces, incluso brilla.

Lo malo: el resto

Ahora viene lo delicado, porque aquí es donde Harry Sinfónico se cae por completo.

1) El precio: el primer golpe de realidad

Estamos ante un evento con un precio muy elevado para lo que realmente acaba siendo. Y esto no es un matiz menor: cuando pagas como si fueras a una superproducción teatral, esperas un mínimo de coherencia en producción, puesta en escena y cuidado general.

Aquí, el desequilibrio entre lo que te prometen y lo que recibes es tan grande que, por momentos, la sensación es la de haber comprado una entrada para algo “premium”… y encontrarte un producto que no termina de estar terminado.

2) Los actores y la anti-inmersión

Hay un grupo de actores contratados para encarnar a algunos personajes. La idea podría tener sentido si aportaran narrativa, atmósfera o, al menos, una puesta en escena con cariño.

Pero su función es, básicamente, pasearse por el teatro.

Y no solo no suman: restan. Mucho.

El vestuario de algunos de ellos es bastante cutre, y su presencia termina siendo un recordatorio constante de que esto no es Harry Potter, sino gente disfrazada en un evento que intenta parecer más grande de lo que es. A veces suben al escenario y hacen una “lucha de varitas” que es… en fin. Muy cutre, sin efectos, sin imaginación, sin un mínimo esfuerzo en ofrecer algo mínimamente resultón. Terrible.

Y lo peor: te sacan de la música. Te sacan de lo único que está funcionando.

Hay una introducción de “Dumbledore” cuyo texto (y esto es percepción, pero es que canta) parece claramente redactado con ChatGPT: frases genéricas, solemnidad de plantilla, cero alma. Cero amor.

Y lo siento, pero en un evento que vive de la nostalgia, lo último que necesitas es que te hablen como si te estuvieran leyendo el about us de una web corporativa.

3) Las proyecciones: el verdadero dementor del show

Y llegamos a lo que, para mí, es el mayor desastre del evento: las proyecciones detrás de los músicos.

Qué horror.

Se nota (y esto también es una deducción bastante lógica) que estamos ante un evento no autorizado, y por tanto no pueden usar imágenes de las películas. Hasta aquí, lo entiendo. El problema es lo que hacen para “sustituir” ese material.

Optan por vídeos que poco tienen que ver con la saga y que parecen sacados de bancos de imágenes tipo stock. Y el resultado es entre desconcertante y ridículo: una bruja con cartas del tarot y una bola de cristal falsa, una pareja bailando tango (además repetida en bucle hasta la saciedad), nubes ralentizadas, y encima muchas piezas van a tirones porque quieren que la duración encaje con cambios musicales.

No hay nadie al volante. No hay criterio estético. No hay narrativa visual. No hay magia.

Es, literalmente, poner cosas “místicas” porque sí, como si Harry Potter fuera un cajón de “cosas de brujas” sin identidad propia. Y eso, para cualquier fan, duele. Porque si la música te está llevando a un lugar concreto, la pantalla te arrastra al lado contrario.

La sensación final: un producto con mimo… solo a medias

No es un evento redondo, claro. Y aquí el “claro” pesa. Porque cuando pagas lo que pagas, esperas un cuidado global. Si vas a llamarlo “espectáculo”, tienes que construir espectáculo. No puedes conformarte con una buena orquesta y, alrededor, meter relleno que parece improvisado.

La pena es que, con una dirección artística competente y un apartado visual a la altura (aunque no usen material oficial), esto podría haber sido una experiencia preciosa para fans: conceptual, elegante, coherente. Pero lo que termina quedando es un show donde lo único verdaderamente recomendable es cerrar los ojos y escuchar.

Y si la mejor forma de disfrutar tu espectáculo es no mirar, algo ha ido muy mal.

¿Recomendamos asistir?

Lamentablemente, no.

Hablamos de un evento aupado por influencers en redes sociales a los que claramente han comprado con invitaciones al mismo. Si eres de los que pueden desconectar por completo del entorno y centrarte únicamente en lo musical, Harry Sinfónico es una experiencia frustrante, especialmente por el precio. Tiene momentos buenos, sí, pero están constantemente saboteados por una puesta en escena pobre, decisiones visuales nefastas y una falta de cariño general que se nota demasiado.

De magia tiene poco.

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