La gestora Tina Vandersteel dijo que el caso de Venezuela representa una de las pocas oportunidades excepcionales que aparecen “una o dos veces en la carrera” de un inversionista

Cuando Venezuela entró en default en 2017 y el mercado de bonos prácticamente se paralizó, la mayoría de los inversionistas abandonó sus posiciones. Sin embargo, la gestora Tina Vandersteel decidió aumentar su exposición a la deuda del país, apostando a una eventual recuperación impulsada por el valor de los recursos petroleros.

Años después, esa estrategia ha comenzado a rendir frutos. Según Bloomberg, en medio de un renovado interés por los mercados de deuda venezolana, la inversionista, con sede en Boston y vinculada a la firma GMO, se encuentra entre las principales tenedoras de estos bonos, en un contexto en el que otros fondos buscan ingresar a un mercado que ahora muestra mayor actividad.

Según explicó en declaraciones recientes, la acumulación de estos títulos se llevó a cabo durante años, cuando los precios se mantenían en niveles extremadamente bajos debido a la crisis económica, las sanciones internacionales y la caída de la producción petrolera.

De acuerdo con datos del mercado, el fondo que dirige Vandersteel ha registrado rendimientos superiores a los de su referencia en los últimos años, impulsado en parte por su exposición a Venezuela.

La inversionista señaló que continúa observando oportunidades en mercados emergentes, aunque advierte que su estrategia se centra en operaciones de valor relativo y en escenarios donde la relación riesgo-retorno es más clara.

El caso de Venezuela, según dijo, representa una de las pocas oportunidades excepcionales que aparecen “una o dos veces en la carrera” de un gestor de inversiones.

Contexto

El giro en el mercado ocurre tras la captura del presidente Nicolás Maduro el 3 de enero de 2026 en una operación militar de Estados Unidos. Desde entonces, el país ha atravesado una serie de ajustes institucionales bajo la administración interina respaldada por Washington, junto con medidas orientadas a reactivar la economía y atraer inversión extranjera.

En paralelo, el gobierno estadounidense ha impulsado una estrategia de reordenamiento económico que incluye apertura del sector energético y señales de flexibilización financiera, lo que ha contribuido a mejorar las expectativas sobre la deuda soberana venezolana.

A este escenario se suma el reciente anuncio del Gobierno venezolano sobre el inicio formal de un proceso de reestructuración de la deuda externa y de Petróleos de Venezuela (Pdvsa), con el objetivo de lograr un “alivio sustancial” de las obligaciones financieras del país. Según las autoridades, el plan busca liberar recursos para impulsar el crecimiento económico, la creación de empleo y la recuperación productiva.

La decisión se produce en el marco de una autorización emitida por la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) de Estados Unidos, que permite ciertos servicios legales y financieros vinculados a procesos de renegociación de deuda, aunque mantiene restricciones sobre pagos, transferencias y operaciones directas con acreedores.

En este entorno, los bonos venezolanos han registrado un repunte significativo, impulsado por el renovado interés de los inversionistas internacionales ante la posibilidad de una reordenación del perfil de deuda soberana del país.

 

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